martes, 21 de diciembre de 2004

Diario de un Reciencasado


Diario de un reciencasado
(gracias Nora Lezano por la foto)

Mr. Freire/ Mr Link (un álbum desarmado)

Una línea corregida a Juan Ramón Jiménez permite, al eliminar la palabra “poeta” –Diario de un poeta reciencasado– que escritor y fotógrafo puedan convivir ya bajo el mismo techo en el título de esta muestra hasta no poder distinguirse, como en los buenos matrimonios, quién es quién. Cada reciencasado recoge su serie para una edición común que las casa en una división de trabajo donde lo doméstico ha sido erradicado por el arte.
Si el casado, casa quiere, primero huye en una especie de horror vacui que la cursilería popular llama Luna de Miel. Ritual del que se suele guardar un álbum donde se prueba que el más común de los museos de la memoria suele carecer de dimensión trágica. Bajo la forma del paquete de agencia (o, como en este caso, del retiro espiritual con fines productivos y viaje cultural), ése suele ser el momento en que la locura de dos se resuelve comprando una lámpara o adoptando un animal doméstico cuyo nombre proviene de algún chiste privado. La mirada conyugal, a la busca de los objetos y paisajes que amoblarán su álbum, se sueña siempre primera y suele pasar por alto que los sitios adonde se instala han sido ya sobrescritos En ese sentido, “Diario de un reciencasado” no es nada inocente y subraya de todos los modos posibles la certeza de que toda experiencia es experiencia de lecturas y de imágenes organizadas por otros.
Del lado del que escribe: El reciencasado opone falsamente a lo sobrescrito de sus experiencias el minimalismo del ticket, el epígrafe, el telegrama. Pero “maravilloso”,”lindísimo”,”lo más amado” no vienen de la pobreza retórica sino que forman parte de un memo sentimental. Como si se dijera:”aquí fuimos felices pero no en la contemplación mutua, sino contemplando juntos, como se hará de aquí en adelante”.
Conciente de la imposibilidad de ser el primero en llegar a un sitio para fundarlo en la escritura, el reciencasado decide redundar entonces en la referencia cultural a partir del imperativo de seguir una serie prestigiosa:”Como antes a Stendhal, ahora me toca a mí (el subrayado es nuestro) escribir mis viajes por Italia”. Y hay en el tono menos cholulismo que revancha. Y una declaración de principios: los viajes se viven escribiéndolos. A veces fingiendo traducir, en un movimiento de reconocimiento, a lo familiar originario –el sur, Córdoba– lo saturado por la cultura alta hasta que la fantasía de mímesis se detiene con un llamado de atención: “No, imposible confundirse. Esto es Europa”. La sombra del Roland Barthes par lui- même apadrina al reciencasado para organizar meticulosamente su iconografía de escritor póstumo. Así le deja en letra e imagen a la crítica los sebos de filiaciones posibles o en errática convivencia: vanguardia (“Me saqué una foto, para conformar a los que añoran la cultura burguesa, bajo el letrero que recuerda el lugar en el que murió Marinetti”), romanticismo (“Hoy en Lecco, tras las pistas de Alessandro Manzoni”, clasicismo (“Si todo sale como planeamos, el próximo sábado estaremos en Mantova, poniendo flores en el monumento a Virgilio...” La cita de La montaña mágica, la de uno de los lugares de Kafka, ese tono a la Barthes, proyectan el mito de la tuberculosis como disposición-fiebre hacia el arte, demolido prosaicamente por Susan Sontag.
Del lado del que fotografía: El diario del reciencasado incluye a dos ya que el álbum es el diario del fotógrafo. Imágenes de ascético encuadre donde la luz aparece envejecida, como si fueran la síntesis de una yuxtaposición arqueológica de miradas. Fotografías del Tiempo. Pero también de carteles con ofertas culturales aggiornadas, registros antropológicos de tribus urbanas, citas de La guerra de las galaxias que los epígrafes apoyan hasta el dato de web: http://show.supereva.it/garadro.freeweb/index.htm?p, sitio de lombardos cool que hacen tarantella-core. Si en las fotos, amén de los comparsas sentimentales que acompañan todo viaje, no hay turnos de amado, sino uno solo o los dos, para estar al mismo tiempo en el recuerdo postal es preciso recurrir al espejo o al tópico de parar al transeúnte ocasional –en el museo, en el jardín de los dioses, en Disneylandia– y pedirle “¿puede tomarnos una fotografía?”. Pero resulta improbable que un fotógrafo extraturístico admita, aunque amante, la intervención amateur . Es evidente que el artilugio técnico ha eliminado el encanto del testigo imparcial con quien rara vez uno vuelve a toparse. ¿Debieron apresurar su abrazo y su pose esos acattones que cierran el álbum, estrechándose contra un fondo boscoso? ¿Y qué otro fondo podría haber que el bosque, allí donde, entre la escuela y el hogar, nos rapta el fauno, el lobo, la gitana? Si la conyugalidad es diurna, el que los casados tengan el mismo sexo y persigan imágenes de San Sebastiano los suma a la familia del bosque, escenario natural del deseo sin fin –reproductivo, ordenador–: por eso, necesariamente umbrío. Por eso, en esa última foto, sólo falta, si Hollywood siempre es el autor de nuestras representaciones amorosas, la palabra FIN. Pero, ¿cómo puede haber fin, si al casarse, todo recién empieza?

María Moreno

1 comentarios:

gonza dijo...

Linda Foto.
Saludos.