martes 13 de abril de 2010

Entrevista


Entrevista (y foto): Patricio Zunini

Sebastián Freire habla “¿Qué es un autor?”, la muestra fotográfica expone junto a Paola Cortés Rocca en la galería MiauMiau.

Para entrar en la Galería MiauMiau hay que tocar el timbre de una puerta anónima en Bulnes al 2700, frente al Hospital Fernández. Es lo único anónimo: ni bien se abre esa puerta, las paredes de una escalera lleva al primer piso cobran identidad, plenas de dibujos y señas: se entra en otro mundo. De allí se llega a una pequeña sala que a modo de distribuidor da paso a otra sala, un poco más grande que la anterior, donde se exhibe la muestra de Paola Cortés Rocca y Sebastián Freire: 22 fotografías de escritores argentinos convocados bajo el título Qué es un autor.

Este salón se abre hacia Cerviño y Bulnes completamente blanco: paredes, marcos y hasta un sillón también blanco desde donde es posible mirar largamente las fotos. Las fotos funcionan en conjunto: blancos y negros, colores pasteles, sutiles. Las miradas: sugerente de Alan Pauls, penetrante de Matilde Sánchez, inquisitiva de Josefina Ludmer, huidiza de Daniel Link. Los mirados: expectante Gabriela Cabezón Cámara, atento Ricardo Piglia, desatento Matías Capelli, deconstruida Pola Oloixarac. Debe haber aquí unas quince fotos. Afuera, en el salón distribuidor espera un Fogwill desnudo y más allá, en otro salón, el resto de las fotos que inundan los ojos de color: Kohan, Gabriela Bejerman, Dani Umpi, entre ellos.

–Nos convocó la galería por nuestra relación con los escritores –explica Sebastián Freire desde ese sillón blanco, tratando de relajarse. Una ventana abierta deja entrar el aire y una franja de sol que pega con fuerza, también los ruidos de la calle que llegan al punto culminante cuando acelera el 110 por Bulnes.

–¿Cómo se lleva el escritor con la imagen?

–Se supone que los escritores y toda la gente que está detrás del teclado tiene una relación tal vez chocante con la imagen. En realidad, cualquier persona que se enfrente a una cámara tiene una cierta incomodidad. Hay un tema con el corte de la imagen en relación a los que están posando, no se sabe qué están enfocando, da inseguridad. Siempre hay un choque, siempre hay una dificultad, siempre te dicen que no les gusta que le saquen fotos. Es como un clásico, aunque no sé hasta qué punto. Lo que hice fue no mostrarles las fotos: si las mostrás vas a tener que rehacerlas porque el primer acercamiento a la imagen de sí mismo choca.

–¿Todos escapan de las fotos?

–La mayoría. Me lo han dicho, me lo dicen y me lo seguirán diciendo. Desde la época en que hacía fotos para Radar/Libros. Eran fotoperiodismo, la clásica foto con una biblioteca. Ibas a hacer lo que podías: ibas al estudio de la persona y tenías una biblioteca o en un escritorio. En esta muestra quisimos salir de eso, corrernos del estereotipo de foto de escritor.

–¿Son fotos hechas para la muestra?

–Hay tres o cuatro que no, pero la mayoría sí. Las que estaban hechas previamente nos gustaban mucho y nos parecía que no era necesario rehacer fotos de esa persona. Las de Gabi Bejerman, Fernanda Laguna y Dani Umpi son tres fotos previas, por eso la de Fernanda Laguna es la distinta de mi serie porque está en una locación (está en su casa), todas las demás están hechas en el estudio. Con Gabi Bejerman siempre hacíamos plumas, esta vez tocó frutal.

*

Recorriendo los salones, uno puede identificar las lentes de los dos fotógrafos. Aun sin saber de quién es cada foto, al menos se reconocen dos firmas. Fondo y figura, cuerpo y retrato, colores intensos y colores pasteles. Freire señala con un gesto amplio el salón:

–Son trabajos bastante distintos el de Paola y el mío. Paola trabajó mucho con los fondos: Piglia, Gabriela Cabezón Cámara, Kohan. En la de Pola se nota mucho. Ella trabaja con eso y con el vestuario. Yo me basé más en las miradas, por eso mis fotos son planos más cerrados.

Pero entre las diferencias hay un punto en contacto: lo poco habitual de la imagen.

–Casi ninguna foto da para prensa. La mayoría no da para una prensa tradicional. No sé si a ellos les interesaría aparecer así en un medio: ellos se prestaron para una muestra fotográfica.

–¿Cómo llegaron a los nombres?

–Fue todo un tema. Fue mucho trabajo sobre todo porque, obviamente, nos quedamos cortos y quedó muchísima gente afuera. Queríamos incluir a más gente, pero queríamos que las fotos fueran grandes y hubo que manejarlo el tema del espacio. Conocemos a todos los fotografiados personalmente, son amigos y conocidos. Buscábamos cierta confianza con el fotógrafo para facilitar este choque con la cámara, evitar sentarse frente a una persona que no conocés. Queríamos que las fotos salieran de otra forma, poder enfocar al fotografiado y sacarle algo más que la imagen de “ser un escritor”.

–¿En la lista de escritores hay una intención de canon, o de decir cuáles son los que escritores que les interesa?

–Sí, claro. Es gente que nos interesa. Es una pregunta que nos hicieron varias veces “¿los quedaron afuera no están en el canon?” ¡No!: es gente que no entró en la galería porque no había espacio. Si hubiésemos podido hacer la muestra de 60 fotos la habríamos hecho. Por eso la idea es continuar la serie, no sé si por una segunda muestra o por una edición de un libro (¡ojalá!). Ya tenemos varias personas que van a tomar parte, es un proyecto que continúa. Nos parecía imposible cerrarla acá.

–No son los únicos 22, pero sí son 22 que hay que leer.

–Sí, por supuesto. Con ellos estamos relacionados por lo escrito y en algunos casos por lo personal, pero es gente que nosotros leemos.

*

–¿Cómo seleccionaron las fotos?

–De cada sesión hacíamos una preselección de cinco fotos y luego, Paola, Mariano López –el galerista– y yo elegíamos una, privilegiando, por supuesto, el gusto de la persona que sacó la foto. Son fotos que nos gustaban por cómo se veía la persona y por cómo aparecía un gesto característico.

Edgardo Cozarinsky y Matilde Sánchez comparten una idea: ambos tienen sólo un ojo visible. La foto de Sánchez está pegada a la pared sobre la que se abre esa ventana que deja pasar aire, sol y ruido, y de ella sólo vemos la mitad de la cara, como si la otra parte nos esperara en la calle. Cozarinsky, en cambio, se tapa un ojo. “Más allá de la intensidad de la foto –sigue Freire– estaba bueno el que juego de que estuviera con un ojo tapado siendo él cineasta además de escritor. En mis fotos traté de trabajar mucho el tema de la mirada”.

–¿Y los colores?

–Paola quería trabajar con colores saturados, ella trabajó con diapo e hizo el revelado como negativo, lo que hace que los colores se saturen. De ella son las fotos de Matías Capelli o la de Kohan que por el contraste de los colores se le hace una silueta blanca. Ella trabajó con película, por eso a sus fotos se les nota el grano, yo trabajé con digital. Yo quería hacer blanco y negro y hace tiempo que vengo trabajando con colores más lavados, con una textura más artificial.

–¿Las retocaron con photoshop?

–Las mías sí.

–¿Qué buscabas?

–La artificialidad: que se note una foto artificial, que sean totalmente distintas a las de Paola. Además yo siempre trabajo con photoshop. A la gente que me pidió que no tuviese photoshop… le hice menos [se ríe]. Todas tienen corrección, porque desde el vamos están bajadas a blanco y negro y se les ha bajado el tono de la piel, que es totalmente imposible. Después, la corrección de la piel, los detalles, algunos tendrán más, otros menos. Pero tienen todos.

*

–Entonces, ¿qué es un autor?

–Nos lo seguimos preguntando. La intención era formar una idea de autor en la unión de fotógrafo, fotografiado y cámara. Lo planteamos desde ahí, por eso no pusimos nuestros nombres en las fotos. Pusimos los de ellos, los fotografiados… bueno, tal vez son ellos los autores de las fotos.


La muestra puede visitarse de lunes a viernes de 15 a 20, hasta fines de abril. Galería MiauMiau: Bulnes 2705.

Entrevista publicada en Eterna Cadencia

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