martes 29 de marzo de 2011

Laura Ramos va al casamiento de Sebastián Freire y Daniel Link


Foto: Guillermo Bertossi

Los anillos de boda y el garfio plateado
por Laura Ramos para Clarín

Decíamos que la dimensión mística de la boda la dio la epístola que leyó Mario Bellatin a los novios, vestidos con idénticos trajes negros de etiqueta; pero alguien dijo que no fue la epístola sino su gesto de dandy al enganchar los anillos con su garfio plateado y magnífico y así entregarlos a Daniel Link y Sebastián Freire sobre el escenario y … ¿no llovía? ¿no llegó Pablo Pérez con su uniforme s.m. de cuero entretanto? Decíamos que las ocho arañas del Salón Imperial y los cristales de roca checoslovacos temblaban cuando los novios extendieron la libreta de matrimonio sobre nuestras cabezas ¡parecía el libro rojo de Mao Tsé Tung! y que algunos lloraban cuando comenzó a bailar la drag queen más preciosa de Paternal, ¡de la República!
Alguien dijo que Bellatin había estudiado Teología durante dos años en el seminario Santo Toribio de Mogrovejo, en Perú, antes de hacerse escritor. También se dijo que en el 2005 arrojó al río Ganges, India, al lado de los muertos que pasaban flotando alrededor de la barca donde él navegaba, la prótesis que sustituía su brazo derecho. Pero que, de regreso a México, empezó a experimentar una sensación de pérdida que lo impulsó a adoptar el garfio de metal (en Berlín, un mascarero lo decoró con una serie de piedras de fantasía; planea para el futuro un brazo que porte un celular, una navaja suiza y un exhalador de gases). “Mi madre no me ha pedido que me ponga el pijama ni que me despoje del brazo ortopédico. El brazo, se llama. Colócate el brazo, quítate el brazo, ¿dónde has dejado el brazo? No asustes a los niños con el brazo. En efecto, a partir del mal uso del aparato cada vez me invitan menos a las fiestas infantiles.” (La escuela del dolor humano de Sechuán, 2005)
Pero también alcanzó una dimensión política la epístola de Melchor Ocampo adaptada por Bellatin, el novicio: “El matrimonio es el único medio moral de fundar la familia, de conservar la especie o hacerla más placentera y suplir las imperfecciones del individuo, que no puede bastarse a sí mismo para llegar a la plenitud del género humano. Ésta no existe en la persona sola sino en la dualidad conyugal. Los casados deben ser y serán sagrados el uno para el otro, aún más de lo que es cada uno para sí.
El hombre, cuyas dotes sexuales son principalmente el valor, la abnegación, la compasión y la fuerza, debe dar y dará al marido protección, consuelo y dirección, tratando siempre al otro como la parte más delicada, sensible y fina de sí mismo y con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil, sea quien sea el débil en cada ocasión, esencialmente cuando este débil se entrega a él y cuando, por la sociedad, se le ha confiado.
Es decir que el hombre, cuyas principales dotes son también la abnegación, la belleza, la perspicacia y la ternura, debe de dar y dará al esposo agrado, asistencia, alimento y consejo, tratándolo siempre con la veneración que se debe de dar a la persona que nos apoya y defiende y con la delicadeza de quien no quiere exasperar la parte brusca e irritable y dura de sí mismo.
El uno y el otro se deben y tendrán respeto, deferencia, fidelidad, confianza y ternura, y ambos procurarán que lo que el uno esperaba del otro al unirse con él no vaya a desmentirse con la unión. Ambos deben prudenciar y atenuar sus faltas. Nunca se dirán injurias porque las injurias entre casados deshonran al que las vierte y es prueba de su falta de tino o de cordura en la elección; ni mucho menos maltratarán de obra porque es villano y cobarde abusar de la fuerza. (de forma) A partir de este momento, están unidos en matrimonio, y el beso que pido que se den va a unirlos frente a los presentes y frente a toda la sociedad.”
En la Escuela Dinámica de Escritores que creó en México, Bellatin experimentó formas de indagar en estructuras narrativas de otras artes: a partir de la prohibición de escribir, los talleristas deben calzar zapatillas de ballet, componer música, hacer esculturas. En Perros héroes. Tratado sobre el futuro de América Latina visto a través de un hombre inmóvil y sus treinta Pastor Belga Malinois, un hombre parapléjico se dedica a criar perros asesinos. Lo custodian un halcón sentado en su percha, unos periquitos de Australia enjaulados, un cuidador-enfermero, su hermana y la madre de ambos. Otro modo moral de fundar una familia. La novela trae un dossier con las fotos del hombre inmóvil que sirvió de inspiración al autor.
Oh nuestros trances britpops y la épica de nuestros nombres, de nuestros rostros y nuestras películas, oh nuestras ediciones inglesas y nuestra sangre y nuestros sets en Tokio y el Bowie gay power, nuestros libros diseñados y nuestros libros escritos y nuestros tatuajes: toda una narrativa borrada en un instante (Nota: las paredes del salón estaban cubiertas de pinturas españolas de principio de siglo de Julio Borrell, nuestro DJ Nijensohn tocaba su música celestial, nos sentíamos exaltados: ¿alguna vez habíamos sido más felices?).
Los últimos de la fiesta nos sentamos y apoyamos las cabezas en los hombros de los otros. Al salir, un rayo de sol –no había llovido, de todos modos- iluminaba la vereda. Daniel Link leyó sus votos: “Todo el mundo lo sabe, Sebastián: vos sos lo que yo he hecho de vos, y yo soy lo que vos has hecho de mí. Podríamos haber dicho lo mismo ante Dios o ante la Ley, pero elegimos decirlo delante de nuestros amigos: ninguno de los dos puede ya ser algo diferente de lo que cada uno ha hecho del otro. Después de estos diez años, que te agradezco, eso es ya irreversible y, por lo mismo, definitivo. Sos lo que quise, lo que quiero y lo que voy a querer. Hasta mi último suspiro.”

Fuente: Clarín

lunes 28 de marzo de 2011

Lux va al casamiento de Daniel Link y Sebastián Freire


Foto: Gastón Depetris

SOY

VIERNES, 25 DE MARZO DE 2011
LUX VA AL CASAMIENTO DE DANIEL LINK Y SEBASTIAN FREIRE
Te doy mis botxx
Con el pañuelo listo para recoger las lagrimitas que siempre se le escapan en estos casos, Lux va a una boda de gala y se desorienta enseguida: ¿intercambian votos o botox? Le preguntó a un asistente de apellido Cozarinsky y nombre de escritor y cineasta que apenas pudo contestar algo más que “me embarga la emoción cívica”. Pero respuestas no era lo que buscaba nuestrx cronista, sino fiesta. Y de eso sí que hubo.
Lo siento por los esposos, pero antes de abundar en las maravillas de la boda voy a presentar mi queja: amigos míos, ¿por qué me abandonaron? Solx y al mediodía me desperté bañadx en lux en lo que se suponía que era un dark room al que llegaba nítida, nítida la aspiradora que se estaba llevando los restos de nuestros brillos, nuestras plumas, nuestras perlas, nuestras mejores galas. ¡Nuestra noche así acabada como esos sistemas solares que quedaron estampados en mi vestido y cuya procedencia me resulta imposible de rastrear! Nuestra noche, porque así fue la boda, de ellos dos, Link Freire/ Freire Link, y de todxs lxs que renovamos votos de amor en una noche de luna llena, llena como lleno estuvo de fantasía el salón del Club Español donde alguna vez disertó García Lorca y el viernes pasado el garfio de Bellatín hizo malabares con las alianzas de oro para que ellos se las donaran el uno al otro. ¡Qué no hará con ese gancho! Le dije a él al oído, mientras me agarraba las partes, no fuera que me tomarx desprevenidx. Igual le di todo, lo que me pidió y lo que no me pidió, porque a un maestro de ceremonias como él no se le puede negar ni el dolor de ser engarfiadx. Con él había empezado la noche. O con él había seguido después de que los novios cruzaran el salón donde hasta los frisos de estuco se sonrojaron de tanto intelectual vestidx de fiesta, en riguroso blanco, negro y plateado. Porque los muchachos le exigieron a la concurrencia, impusieron su código de vestuario y salvando un artista plástico con bienal propia que robó con una túnica gris de seminarista empolvado, el resto cumplió con la consigna sacándose chispas en la alfombra roja. Travas de dos metros más tacos y sombrero abrieron el paso nupcial tirando plumas para ahorrar trabajo a los novios, que dieron el sí en el escenario con una cohorte de testigos que incluyeron madrinas en alturas diversas entre el metro cincuenta y el metro ochenta —esta última bastante mal depilada y con poca gracia para el taco—, pero solemnidad al tono y padrinos con menos variedad pero la misma emoción a flor de piel. Es que los votos de Link arrancaron lágrimas y también algún estúpido comentario feminista que se escuchó antes de que terminara la frase y cerrara el “Sebastián, no sos otra cosa que lo que yo hice de ti” con un: “y yo no soy otra cosa que lo que vos hiciste de mí”. Como si alguien ahí dentro hubiera necesitado defensa alguna. Anegadx en lágrimas que secaba con un pañuelito blanco, una crítica literaria se acomodaba el jopo a tono con el vestuario mientras una bella Paula Mafia se colgaba la guitarra para entonar clásicos italianos de amor loco. ¿Fue antes o después del vals? De los valses, una joya cada uno, no es fácil guardar postales porque fue un ir y venir de manos y pisotones que sólo el bálsamo de cinco go dancers de pecho lampiño y bombachita roja podían curar. Claro que enseguida se vino una caravana de tortas que portaban a su vez unas ídem en forma de pastillitas de la felicidad —desde Prozac hasta bichitos—, que bien podrían tomarse a modo de consejo matrimonial para quienes todavía aspiren a la larga duración. Ahora, debo decir que las tortas que las acarreaban no tomaron ninguna, porque si hubo sexo en la pista fue por esas chicas venidas de Berlín a Lanús que comieron tantas bocas como tachas tenía el atuendo leather de mi vecino de Soy Positivo, que evidentemente no se recuperó del jolgorio porque aquí me dejó solitx y mi alma. Por suerte tuve a mi osito pelilargo, cinéfilo y en pollera para acunarme en tiempos de resaca. Y a los tiradores de los novios para sujetarme en tiempos de éxtasis. Y el abrazo del maestro de ceremonias para quedar colgadx, como a mí me gusta, más allá de la fiesta. Porque me habré despertado sin más compañía que el sonido matutino de la aspiradora, pero es sólo porque no me resigno a que tanto preparativo termine en una sola noche, ¿no podremos hacer un bis?, ¿quiénes serán lxs próximxs?
Fuente: Página/12

miércoles 23 de marzo de 2011

Ceremonia






Fotos: Guillermo Bertossi y Gastón Depetris
Viernes 18 de marzo de 2011: Boda Link / Freire

domingo 20 de marzo de 2011

Y dijo Ceci...

se casaron los divinos Sebas y Daniel!!

Lo mejor fue, que ya al entrar ese edificio hermoso, mi espíritu empezaba a elevarse. Escaleras arriba un fotógrafo te sacaba una foto y pasabas de la alfombra roja, al salón. Primero divisé a mis amigas Paula Maffía y Natacha Ebers que me alertaron que era posible ir directo al whisky y saltear el champagne. Iba a ser una noche emocionante y nada podía darme más felicidad que ese vaso de JB y hielo que vacié de un trago. Más colocada me acerqué a la mesa que para mi maravilla estaba habitada con lo más inspirado de la lit local. María Moreno,(Palas Atenea), Josefina Ludmer, Ana Amado, Tamara Kamenzsain y el bonito de Mario Bellatín que había combinado el negro de sus uñas con su negro iridiscente garfio para la ocasión en la que oficiaría la ceremonia de casamiento.
Mario Bellatín



Vamos al segundo vaso y valga de justificación para mis lamentables fotos (que en su momento me parecieron serían sorprendentes).


el novio Sebas Freire-muñeco de torta

Momento torta


aquí bailo

Miranda-Rita-Kevin

la ceremonia

La consigna era solo Blanco y Negro.
y los vasos de whisky siguieron y la ceremonia fue emocionante (Mario leyó un sermón mexicano del 1800 y S y D dijeron porqué se casaban), y a partir de ese momento todo fue GLEE el vals (que bailaron los novios y luegos los invitados-yo bailé con Lisa, con Laura Ramos), seguida de las canciones italianas de Paula y una dúo con uno de los novios Link--que bien podría tirar todo por la borda y convertirse en un cantante itliano--seguida de la aparición de 4 fisicoculturistas en shorts y moñito y luego tortas en forma de pastillas (una decía Prozac) llevadas a escena x Marta Dillon, Albertina carri, Maitena, juan Molina y otras amigas) y a bailar y yo tomé todo lo que el dj ofrecía hasta, el trencito (al cual cierta gente cool no podía subirse porque no estaba en su naturaleza) y seguí dispuesta a todo lo que seguía...incluyendo streap tease con Xuxa que era lo que decían venía después del tren, pero no llegó.
bueno, estamos con un poco de resaca, más tarde más fotos.

Fuente: Blog Confesionariosoyyo

Dijo Andrés...

Los novios bailaron el valcecito

Anoche, fiesta inolvidable en el Club Español, a metros del obelisco. Daniel y Sebastián, felices. Mucha emoción, muchos amigos. También mucha risa y muchos recuerdos. Somos amigos con Daniel hace más de treinta años, imagínense. Sebastián y Daniel fueron "novios" durante diez años. Ahora son esposos. "Sebastián, sos lo que yo he hecho de vos", dijo Daniel, y despertó la risa de la platea, que lo conoce. "Y soy lo que vos has hecho de mí", remató. Somos todos, pensé, lo que los amores y los amigos han hecho de nosotros. Mientras tanto, los de la fiesta de disfraces del cuarto piso empezaban a aburrirse de su fiesta y se colaban en la nuestra, entre los chongos que bailaban por ahí, casi en pelotas.

Vale la pena reproducir, completas, las palabras del voto de Daniel. Las acaba de publicar esta mañana en su mítico blog, Linkillo (nuestra inspiración para esta bitácora, dicho sea de paso):

Todo el mundo lo sabe, Sebastián: vos sos lo que yo he hecho de vos, y yo soy lo que vos has hecho de mí. Podríamos haber dicho lo mismo ante Dios o ante la Ley, pero elegimos decirlo delante de nuestros amigos: ninguno de los dos puede ya ser algo diferente de lo que cada uno ha hecho del otro. Después de estos diez años, que te agradezco, eso es ya irreversible y, por lo mismo, definitivo.
Sos lo que quise, lo que quiero y lo que voy a querer. Hasta mi último suspiro.

Fuente: Blog Fotografías

jueves 10 de marzo de 2011

Bronquiolitis y resorte


Lorenzo Freire... su primera bronquiolitis y su primer resorte.

miércoles 9 de marzo de 2011

Fotografías según Ñ

Foto: Sebastián Freire

Rituales de iniciación

¿Cómo se define el comienzo de un artista? La respuesta está dada por las tomas inaugurales de Szalkowicz, Di Mario, Paiva, Werning, Schoijett y Freire.

POR JULIAN GORODISCHER

Como una virgen, acariciada por primera vez.” La primera foto, como ficción de un hito, arbitrario puesto ahí por la arbitrariedad o la contingencia. Solamente un síntoma, porque –como dice Cecilia Szalkowicz– “cuando se cree detectar un punto de inicio, enseguida se descubre que no es sino una parte de una serie infinita de sucesos, a veces encadenados, a veces superpuestos”. La iniciación –sigue Gustavo di Mario, cuya foto ilustra, entre otras, esta galería de primeras fotos– es no tenerle miedo al objeto, enfrentarlo, “conseguir la imagen, perdiendo la percepción del límite entre lo que fotografiaba y yo”. En su imagen sin título, las invariantes que definen a la foto posada y a la foto robada conviven excepcionalmente en una misma toma a través de dos miradas, una que interpela, la otra que se evade. Y esos cuerpos andróginos prefiguran –con el signo de lo posterior a su momento histórico (con el don de la anticipación)–, ya en los primeros 90, el achicamiento de la brecha entre los géneros.

“Fue la primera foto que saqué sin él, que era mi maestro...”, describe Luna Paiva la profusión de aromas y colores que se desprende de ese ramo de su foto, nacido para decorar la tumba de su padre pero apropiado por los deudos necesitados de transformar un arreglo pensado como fúnebre en fantasía, irrealidad. Ahí, en cada iniciación, de las que llenan estas páginas, está lo íntimo, lo cotidiano, lo cercano, la aldea y el hogar, modelando la carrera por venir, porque –como me dice el editor Iván Moiseff– “en las texturas de la infancia se prefigura un mecanismo que vuelve a funcionar cada vez que nos enfrentamos a una situación nueva”.

Mirar lo mismo como por primera vez: teñirlo de colores, traicionarlo, resignificarlo: no hay nada nuevo. Iniciarse es permitirse sentir los automatismos de otro modo, reconvertir en extraña la vida consciente, sacar de su contexto lo habitual para que, de pronto, se nos presente como revelador de otros mundos en éste. Entonces ese instante, ya sin contornos, se disuelve. “Todo está comenzando todo el tiempo –sigue Szalkowicz–. Tal vez sea una cuestión de velocidad.” Lo primero, siempre dedicado a los cercanos, a los íntimos, testigos de un salto que se necesita dar acompañado. Lo primero, privado de “un público”, en cambio hogareño, chiquito, desprolijo, un salto con red, no como el del perro que vuela (arriba, a la derecha), improbablemente atajado por el gordito que revela, en la sonrisa, su sadismo.

Pero no importa si rebota en seco contra el piso o es amorosamente abrazado por su dueño, no es una narración, un desarrollo, lo que testimonia cada foto sino el instante de la incertidumbre, el segundo del aquí y ahora, justamente lo que asigna la potencia a sus efectos. La primera foto, como momento decisivo en el que –como le pasó a Rafael Cippolini cuando Ruth Benzacar le sugirió ser curador– volvió a sentirse “dentro de algo”. O, según cita Rosana Schoijett a Patti Smith, como el momento bisagra, en el que se asienta una decisión que definirá el futuro en tanto artista: “cuando éste reprime sus impulsos destructivos y, en cambio, decide desarrollar los creativos”. Su foto (arr, izq) ilustra ese pasaje: no se sale incólume de la iniciación; la crisálida se rompe para quedar, así como el pollo o la rana, servido/a en bandeja, abierto/a y desgarrado/a, listo/a para la devoración, pero no importa... El mismo gesto del iniciado vuelve una y otra vez ante cada nueva obra, siempre y cuando –condiciona Sebastián Freire, otro de los convocados para dar a conocer su foto– la tarea signifique “un proyecto de indagación personal antes que el mero registro de personajes y acontecimientos”. Iniciarse como un cóctel mental –me dice Lucas Soares, filósofo– que, independiente de la edad biológica y el momento histórico, debería implicar “una dosis justa de atrevimiento, la asunción de que los nervios son el maldito combustible sin el cual no se puede hacer algo bien y el derecho de avanzar a través de errores que después uno no se vuelve a permitir”.

Se extraña ese cóctel.

Fuente: Revista Ñ

viernes 4 de marzo de 2011